Editorial #15
Es curioso que uno se tope a estas alturas con los extravíos de la elección, ese poner-en-orden-a-toda-costa, ese ir priorizando con un arrebato malintencionado que insiste en juzgar cuánto vale lo que se hace en comparación con lo que se deja de hacer. Y, puestos a emprender la estimación, se diría que en esas ecuaciones suma más el cero que el uno. Así, obligados a elegir hoy (sólo hoy), nos tememos que lo que ayer tanto nos valió, pasado mañana puede no servirnos en absoluto. Entre esos hilos se mecen los juegos de ahora. También éste, no lo duden.
Porque el recreo que aquí ven nos roba algunas cosas del día a día, cierto, pero lo hacemos con ganas, pasándolo en grande. Llevamos ya un tiempo gastando lo propio en esta ficción tan extraña al aplauso, de acuerdo, pero bien podemos decir con ánimo neutro e intención noble que esas mieles (las del encomio) no nos interesan: ni los sábados traen lo que traían, ya me dirán, ni ustedes son lo que solían ser. Dado lo cual, no esperamos de nuestro invento más que agradarnos en lo propio y seguir renqueando en lo ajeno. Y hasta eso nos empieza a parecer un lujo, vistos los vientos que soplan.
Yo venía dispuesto a no mentirles, pero en alguna parte me habré trabado con las ganas de hacerme entender; será por eso que llevo dos párrafos y pico hablando sólo para mí. Puestas así las cosas, más nos valdrá dejarnos de remilgos e ir ofreciéndonos la grupa unos a otros, que es la mejor forma conocida de armonizar. Tengo un bonito juego de espuelas esperando, por si tercia.
Queden advertidas: el Café de febrero viene hirviendo. ¡Abran paso a la nave de los no-vivos!
Luis M. Are
