La última gran juerga
Cada vez tengo más claro que cuando me jubile me iré a vivir a la costa, a un sitio poco turístico, no me importa si el clima no es muy bueno, lo único que me interesa es tener un barquito pequeño con el que salir a navegar. Me imagino navegando solo, diría que alejado de todo, porque parece que así suena más lógico, pero en realidad creo que sentiría todo lo contrario.
Desde allí contemplaría la costa y a lo mejor hasta me aventuraría a bucear, aunque supongo que esa es una actividad demasiado peligrosa para alguien mayor. Lo que seguramente no haría sería pescar, de hecho la mayoría de las veces que me imagino ahí en mi barquito, no estoy haciendo nada; otras, simplemente escucho jazz, lo cual es bastante extraño, teniendo en cuenta que en la actualidad apenas soporto ese tipo música. De todas formas, creo que lo relevante de todo esto, es que en todas estas imaginaciones estoy solo, mal vestido, increíblemente arrugado, totalmente calvo y en mi cara hay una expresión que no invita precisamente a la conversación. Y, sin embargo, disfruto tanto de esa imagen, siento tal liberación que estoy convencido de que, de alguna manera, en mi interior aspiro a convertirme en esa persona: alguien completamente redimido de la tediosa y alienante tarea de presumir.
L. Zas
