Procesador de señales

 

Me puse a su altura y abrí la puerta de la jaula después de pedirle permiso al dependiente. El animal me había estado dirigiendo una mirada directa, con cierto aire reflexivo,  pero cuando me acerqué a acariciarle la cabeza, cerró los ojos y aproximó la cabeza a mi mano. Aunque era caro y nunca había pensado en tener una mascota, terminé por comprarlo y llevármelo a casa. Me gustaban  sus enormes ojos oscuros y fijos, tan expresivos, y  sobre todo, el hecho de que  apoyara su patita sobre mi pierna o mi mano, solo para buscar mi contacto.

 

Según me dijo el dependiente, casi nunca emitiría sonidos, a no ser que estuviera terriblemente asustado o sintiera algún dolor, también me aseguró que no crecería, se quedaría así, del tamaño de un gato de unos tres meses y, aunque viviría más que la mayoría de las mascotas, no alcanzaría la madurez sexual, así que nunca estaría interesado en la reproducción.

 

Decidí llamarle Ulises, de repente tuve la impresión de haber querido llamar así a alguien o algo desde hacía mucho tiempo. Le repetí varias veces su nombre, para que se identificara con él, y en muy poco tiempo aprendió a responder a mis llamadas. Sin embargo, desde aquellos primeros días hasta ahora,  pocas veces he tenido que llamarle, ya que casi siempre está conmigo: cuando ando por la casa se sube a mi hombro y se queda ahí quieto, si estoy sentado permanece en mi regazo y nunca ha dejado de  dormir a mi lado, ni siquiera las noches en que he tenido visita. Afortunadamente, a mi novia le gusta mucho Ulises y no le importa que duerma con nosotros.

 

La verdad es que no me da mucho que hacer: come un pienso especial, algo caro tal vez, pero él mismo se lo raciona y no gasta demasiado, además es incluso más limpio que los gatos.  Sin embargo, a veces le miro y pienso ¿por qué le quiero? ¿por qué merece este esfuerzo y este amor? Es algo que me pasa últimamente, le miro y pienso que la razón de mi amor hacia él está en su forma. Me explico: si, por ejemplo, imagino que tiene otro aspecto, algo parecido a una araña,  una araña que vive conmigo, subida a mi hombro, sentada en mi regazo, que pone sus patitas sobre mi mano y sobre mi pierna, y que duerme a mi lado, no puedo sentir mucho amor hacia él. Tal vez no me guste la apariencia de araña precisamente porque no podría contactar con una como contacto con Ulises a través de la mirada. Pero si digo la verdad, últimamente, cuando miro los ojos de Ulises, me parecen los de un muñeco: opacos y planos, y me doy cuenta de que, en realidad, no me está viendo a mí.

 

L. Zas