Mártires y Celebraciones

 

 

          Hoy se me ha vuelto a morir otra chinchilla. Intento hacerlo todo como dicen las leyes, para estar preparado por si viene el inspector, pero de las quince veces que lo he intentado, sólo he tenido éxito una y en realidad fue porque hice trampas.

 

          Siguiendo las reglas del manual “cómo manipular pequeños mamíferos y reptiles”, la chinchilla debe estar en un sótano a 7 plantas de mi escritorio, encerrada en una jaula de 69 x 41 x 61 cm, cubierta por una lona anaranjada, dispuesta en el suelo o como máximo a una altura no superior a 5 cm de este. Cuando se abren las compuertas que dan paso al agua con el que se inunda la estancia de las chinchillas, recibo una señal luminosa y sonora en mi escritorio, entonces, sólo si ese día he terminado mi recuento a tiempo, puedo bajar a rescatarla. Muchas veces el problema no es tanto que aún no haya terminado mi trabajo, sino más bien lo que tardo en llegar hasta el sótano. Ya casi nunca uso el ascensor, porque me desesperaba verlo bajar desde el piso más alto, pero incluso usando las escaleras encuentro problemas, sobre todo con todas las jaulas oxidadas y vacías que se van almacenado allí.

 

          Ya sé que puede parecer una tontería, pero me está afectando, hoy lo he notado cuando he tenido que hacer una cola de diez minutos para poder tirar mi chinchilla a la incineradora. He tenido que sostener durante todo ese tiempo aquel pequeño cuerpo peludo, frío ya, con los ojos fijos y las orejillas tiesas, pero sólo por unos segundos he sentido algo de pena. Luego, todo lo que podía pensar era que, de nuevo, llegaría a casa a tiempo únicamente para cenar e irme a la cama.

 

 

 

L.Zas