Tugboat

 

 

Extendimos una alfombra sobre uno de los hoyos del descampado y encajamos en él las mesas de instituto robadas, dejando un hueco para entrar. Después cubrimos las mesas con un plástico y tapamos el plástico con la tierra de alrededor. Si no sabías que ahí había una cueva artificial, era imposible encontrarla. Dentro sólo podíamos estar agachados o tumbados, pero pasamos allí horas y horas. Llevamos una linterna, decoramos las paredes con fotografías, colgamos un radiocasete a pilas. Hablábamos mucho y fumábamos, a veces también bebíamos y, por alguna extraña razón, ignorábamos que en el futuro no tendríamos nada en común, ni siquiera el pasado.

 

L. Zas